SARAH SLAPPEY (1984) / INVOCO A LOS DIOSES

  • Escribía Ortega y Gasset que la ley rectora de las grandes variaciones pictórica es de una simplicidad inquietante. Primero se pintan cosas; luego sensaciones; por último, ideas.  Teorema interesante, pero en fuera de juego innumerables veces.  

  • Por ejemplo, la norteamericana SLAPPEY  trata de establecer una sincronía entre un cromatismo que intuye como el alma y el acontecimiento plástico que tiene lugar entre una naturaleza progenitora de seres.  Ni ella misma sabe si son ideas, son claramente intuiciones.   

  • Entre unas fuerzas que laten dentro de ella misma y la catarsis de lo plasmado, que al mismo tiempo fagocitarán a la humanidad que intenta sobrevivir dentro de ellas, ya que el paraíso anunciado se ha convertido en el protagonista salvaje de la forma que le es más afín. 

En este vaso de ginebra bebo 

los tapiados minutos de la noche,

la aridez de la música, y el ácido

deseo de la carne.

(Francisco Brines)

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